lunes, 24 de marzo de 2014

Adolescencia, emociones y automutilacion

¿De qué se trata la automutilación?

Se trata de cortes, rasguños, quemaduras o arañazos realizados a propósito por uno mismo mediante un objeto filoso o cortante; una navaja, un cuchillo, una tijera, la lengüeta metálica de una lata de bebida, el extremo de un clip, una lima de uñas o un bolígrafo. Algunos, se queman la piel con la colilla de un cigarrillo o con un fósforo encendido y de forma  lo suficientemente profundos como para cortar la piel y causar sangrado.
Generalmente se lesionan en muñecas, antebrazos, abdomen, muslos, aunque se pueden lesionar otras zonas), que suelen hacerse a escondidas, en secreto, y ocultarse las heridas y las posteriores cicatrices, bajo mangas largas, varias mangas, pantalones e impidiendo el acceso de otras personas a su habitación, al baño o, buscando excusas, para no hacer deporte e, incluso, la clase de gimnasia ya que la automutilación suele conllevar un sentimiento de vergüenza y ocultación, de forma que, si alguien las descubre, inventan excusas sobre cómo se lastimaron.
La mayoría de quienes se automutilan son mujeres, pero los varones también lo hacen. Generalmente esta conducta comienza en la adolescencia y puede continuar en la vida adulta. En algunos casos, hay antecedentes familiares de automutilación mediante cortes.
La automutilación suele empezar con un impulso. Pero, muchos adolescentes descubren que una vez que empiezan , esta conducta les resulta adictiva y puede ser difícil abandonarla. Muchos de los adolescentes que se lesionan afirman que cortarse les proporciona un alivio para sus emociones de profundo dolor, y, por tanto, esta conducta tiende a reforzarse a sí misma. La automutilación consigue convertirse así en la respuesta habitual de un adolescente a las presiones y a los sentimientos que le resultan insoportables. Algunos quisieran dejar de hacerlo, pero no saben cómo o sienten que no pueden. Otros no desean dejar de cortarse.

¿Por qué se cortan los adolescentes?

Lo hacen por diferentes motivos. Para la mayoría, es un intento de interrumpir emociones fuertes que les resultan intolerables. Pero no es un intento de suicidio. Aunque, demasiadas veces, subestiman la posibilidad de que las infecciones o hemorragias que acompañan a estas lesiones les ocasionen heridas más graves e, incluso, enfermedades.
Emociones fuertes y abrumadoras
La mayoría de los adolescentes que se cortan sufren con emociones fuertes. Creen que, el lastimarse es la única manera de expresar o interrumpir esos sentimientos que son demasiado intensos para soportar; el dolor emocional de sentirse rechazados (ya sea en el colegio, en el grupo de amigos o, incluso, en la propia familia), la pérdida o el fin de una relación, o una angustia profunda pueden ser abrumadores para algunos adolescentes.
Además, muchas veces lidian con situaciones difíciles que nadie más conoce. En otros adolescentes, es la presión de ser perfectos o de estar a la altura de expectativas inalcanzables, ya sean propias o impuestas. Algunos, han sido heridos por un trato severo o por situaciones que los han hecho sentir sin apoyo, impotentes, indignos o faltos de amor.
También, existen otros adolescentes que han sufrido un trauma, lo que puede causar períodos de adormecimiento emocional. Para ellos, cortarse puede ser una manera de comprobar si todavía pueden “sentir” dolor. Otros lo describen como una forma de “despertarse” de dicho adormecimiento
El dolor físico autoinfligido es específico y visible
Para algunas personas, el dolor físico es preferible al dolor emocional ya que esté sólo puede sentirse como inespecífico, difícil de precisar y de aliviar. Sin embargo,al cortarse, los adolescentes dicen sentir una sensación de control y alivio al saber de dónde proviene su dolor, de una forma específica, y, al mismo tiempo, sensación de bienestar cuando se detiene. Las lesiones pueden simbolizar el dolor interior que no se pudo verbalizar, confiar a alguien, reconocer o sana
Una sensación de alivio
Muchos de los adolescentes que se cortan describen la sensación de alivio que sienten al hacerlo, lo que es común de las conductas compulsivas. Ello podría  ser debido a varios motivos: la liberación de endorfinas u hormonas del “placer” que se liberan cuando se produce un esfuerzo físico intenso y que también pueden liberarse cuando se produce una lesión;la distracción de las emociones dolorosas que produce el dolor físico intenso y la impresión de ver sangre.
La sensación de “adicción”
Cortarse puede crear hábito. Si bien sólo proporciona un alivio temporal del dolor emocional, cuanto más se corta una persona, más necesidad siente de continuar haciéndolo.
Al igual que con otras conductas compulsivas, el cerebro comienza a relacionar la sensación momentánea de alivio de las emociones desagradables con la acción de cortarse. Cada vez que surge dicho dolor, el cerebro busca ese alivio y lleva al adolescente a repetir esta conducta.
Este es el motivo por el cuál lesionarse mediante cortes puede convertirse en un hábito que hace que la persona se sienta incapaz de dejarlo,especialmente, si las tensiones emocionales a las que esta sometido el adolescente, son intensas.
Problemas de salud mental
El cortarse a menudo está vinculado o forma parte de diversos problemas de salud mental como son: impulsos, obsesiones o conductas compulsivas. A veces, la depresión o el trastorno bipolar pueden contribuir a que los estados de ánimo sean tan abrumadores que al adolescente le cueste regularlos.
Lo mismo ocurre con los trastornos de personalidad en que las relaciones interpersonales se viven de forma intensa pero inestable, así como conductas de riesgo o autodestructivas  generadas por emociones peligrosas. Para otros, el estrés postraumático ha afectado su capacidad de lidiar con las situaciones o enfrentan problemas de consumo de alcohol o sustancias.
Presión de los compañeros
Algunos adolescentes empiezan a cortarse por influencia de otros compañeros que ya lo hacen. Por ejemplo, una adolescente podría intentar cortarse porque su novio lo hace. También puede existir la presión de un grupo de compañeros. Algunos adolescentes se cortan en grupo y podrían presionar a otros a hacerlo. Un adolescente podría ceder ante esta presión de grupo para demostrar que es “valiente” o “está en la onda”, para tener un sentido de pertenencia o evitar el acoso de sus compañeros.
Cualquiera de estos factores puede ayudar a explicar por qué un adolescente se corta, pero también juegan un papel fundamental los sentimientos y las experiencias únicos de cada adolescente. Algunos de los adolescentes que se cortan podrían no ser capaces de explicar por qué lo hacen. Independientemente de los factores que pueden conducir a que un adolescente se autolesione, esta conducta no es una forma sana de manejar las emociones y presiones, por extremas que éstas sean. 

Enfrentar la conducta de automutilación

Algunos adolescentes esconden sus lesiones, o si dichas lesiones requieren atención médica, ésta puede ser la  única forma de que otros se enteren de lo que les sucede; pero muchos adolescentes se automutilan mediante cortes durante mucho tiempo antes de que alguien se dé cuenta. Algunos le cuentan a alguien su problema, ya sea porque desean ayuda para dejar de lesionarse o porque desean que alguien sepa lo que les pasa.
Pedir ayuda requiere coraje y confianza. Muchos adolescentes dudan en contarle a alguien su problema porque temen que se los malentienda, o que, al saberlo, otras personas se sientan enojadas, molestas, decepcionadas, escandalizadas o los juzguen mal. Algunos se lo confían a amigos, pero les piden que no digan nada. Esto puede crear una carga para el amigo que lo sabe.
Si se los interroga acerca de los cortes, los adolescentes pueden responder de diferentes maneras; algunos, lo niegan mientras que otros quizá lo admiten, pero niegan que sea un problema. Algunos incluso pueden enojarse y sentirse molestos, o rechazar cualquier intento de ayuda. A algunos adolescentes les alivia que otra persona sepa lo que les pasa, se preocupe por ellos y desee ayudarlos.

Cómo detener la automutilación mediante cortes

Independientemente de que otra persona lo sepa y haya intentado ayudarlos o no, algunos adolescentes se siguen cortando durante mucho tiempo antes de abandonar esta conducta. En aquellos casos donde los cortes son parte de otro problema de salud mental, generalmente se requiere ayuda profesional.
A veces el hecho de cortarse u otros síntomas derivan en la hospitalización del adolescente en un hospital o clínica de salud mental. En algunos casos, deben ser hospitalizados más de una vez por autolesiones antes de que estén listos para aceptar ayuda por cortarse o por otros problemas de salud mental comórbidos.
Algunos adolescentes encuentran por sí mismos una manera de dejar de lesionarse . Esto puede suceder si el adolescente encuentra una razón importante para dejar de hacerlo, si recibe el apoyo necesario o si encuentra maneras de resistirse a este fuerte impulso.
También debe descubrir nuevos modos de manejar las situaciones problemáticas y de regular las emociones abrumadoras. Esto puede llevar tiempo y a menudo requiere la ayuda de un profesional de la salud mental.
Puede ser difícil dejar de cortarse y quizá un adolescente no tenga éxito al principio. Algunos dejan de hacerlo por un tiempo y luego recaen. Para romper con este fuerte hábito se requiere determinación, valentía y fortaleza, así como el apoyo de otras personas que brinden su comprensión y afecto.

Señales de alerta en el adolescente

  1. Usa ropa grande y abrigada aunque haga calor
  2. Manifiesta heridas, lesiones o cicatrices que no tienen explicación aparente
  3. Se encierra en el baño por largos períodos, sin dejar entrar a nadie
  4. Porta habitualmente navajas, cuchillos, cuchillas de máquinas de afeitar
  5. Se come las uñas al punto de lastimarse los dedos
  6. No participa en actividades en grupo
  7. Mantiene reserva absoluta sobre sus cosas

Recuperación

No es sencilla ya que sigue un curso parecido al de cualquier otro tipo de adicción como; el alcoholismo, la drogadicción, etc. Sin embargo, la recuperación es posible y la ayuda profesional es indispensable para superar este problema. El tratamiento incluye como algo fundamental estimular al paciente a practicar ejercicios de relajación, deporte, actividades artísticas, como una manera  de exteriorizar í sus emociones e impedir que vuelva el impulso autodestructivo.

jueves, 28 de noviembre de 2013

Las patas de la mentira. Por que mienten los chicos.


 

Psicología

Las patas de la mentira

Revista
Mentimos desde chicos y por toda clase de razones: para evitar el castigo, para acercarnos a nuestros pares, para sentir que podemos tener el control. Ahora existe una singular teoría sobre cómo se desarrolla el hábito: imitando a los mayores
En los últimos años, un grupo de investigadores se decidió a tratar de entender por qué mienten los niños. Para un estudio destinado a evaluar la mentira entre adolescentes, la Dra. Nancy Darling, entonces en la Universidad Estatal de Penn, congregó a un grupo de unos doce estudiantes, todos menores de 21 años. A cada uno le entregó un mazo de 36 tarjetas, cada una de las cuales consignaba un tema en el que a veces los adolescentes les mienten a sus padres. Con una pizza y una Coca, cada adolescente revisó el mazo junto a dos investigadores, señalándoles las cosas sobre las que mentía a sus padres, y por qué.
"Empezaron diciendo que los padres les daban todo y que uno debería contarles todo", dice Darling. Al final, vieron cuánto mentían y cuántas reglas familiares habían transgredido. Según la investigadora, el 98% de los chicos consultados dijo que les mentía a sus padres.
De los 36 temas consignados en las tarjetas, cada adolescente dijo mentirles a sus padres en un promedio de 12. Mentían respecto de la manera en que gastaban la plata que recibían de ellos, acerca de si habían empezado a tener relaciones sexuales y sobre la ropa que se ponían cuando no estaban en sus casas. Mentían sobre la película que habían ido a ver y respecto de con quién habían ido. Mentían en cuanto a su consumo de alcohol y de drogas, y lo hacían también si estaban saliendo con amistades que sus padres desaprobaban.
El hecho de ser estudiantes excelentes no cambiaba mucho las cosas; tampoco había grandes cambios en el caso de chicos con gran número de actividades: ninguno de ellos estaba tan ocupado como para no transgredir algunas reglas.
Durante décadas, los padres han considerado que la franqueza es el rasgo más apreciado en sus hijos. Otros, valores como la confianza en sí mismos y la sensatez, ni siquiera se le aproximan. Los jóvenes reciben este mensaje. En las encuestas, el 98% dijo que la confianza y la franqueza eran esenciales en una relación personal. Según la edad, entre el 96 y el 98% dijo que mentir era malo moralmente. Entonces, ¿en qué momento el 98% que cree que mentir está mal se convierte en el 98% que miente?

Un hito del desarrollo

Todo empieza muy temprano. De hecho, los niños brillantes -los que tienen mejores resultados académicos- empiezan a mentir a los 2 o 3 años. "La mentira está relacionada con la inteligencia", explica la doctora Victoria Talwar, profesora adjunta de la Universidad McGill de Montreal y una de las mayores expertas en la conducta mentirosa de los niños. Aunque pensamos que la veracidad es la mayor virtud de un niño pequeño, resulta que mentir es, en realidad, su capacidad más notable. Un niño que miente debe reconocer la verdad, concebir intelectualmente una realidad alternativa y ser capaz de "venderle" convincentemente a alguien esa nueva realidad. Por lo tanto, mentir exige un desarrollo cognitivo avanzado y habilidades sociales que la veracidad no requiere. "Es un hito del desarrollo", concluyó Talwar.
Y esto pone a los padres en la situación de sentirse condenados o bendecidos... Si su hija de 4 años es una buena mentirosa, eso es señal de que es inteligente. Y los niños listos son los que corren más riesgo de convertirse en mentirosos a repetición. Cuando cumplen 4 , la mayoría de los niños empieza a experimentar con la mentira para evitar castigos. Por eso mienten cuando evalúan que el castigo es una posibilidad. Un niño de 3 años dirá "no le pegué a mi hermana" aun cuando sus progenitores lo hayan visto hacerlo.
La mayoría de los padres oye mentir a su hijo y supone que es demasiado pequeño para entender qué es una mentira o que mentir está mal. Suponen que dejará de hacerlo cuando sea más grande y aprenda a distinguir. Talwar descubrió que es exactamente al revés: los que entienden temprano la diferencia entre la mentira y la verdad, usan ese conocimiento para su provecho, lo que los hace más proclives a mentir cuando se les da la oportunidad.
Según Talwar, los chicos "se acostumbran" a mentir. En estudios en los que se observa a los niños en su entorno natural, uno de 4 años mentirá una vez cada 2 horas, y uno de 6 mentirá una vez cada hora y media. Las excepciones son pocas. Para el momento en que alcanzan la edad escolar, las razones para mentir se tornan más complejas. Evitar el castigo sigue siendo el motivo primordial, pero la mentira también se vuelve un medio para aumentar el poder y la sensación de control. Los niños manipulan a sus amigos con burlas, se jactan para afirmar su status, y aprenden que pueden engañar a sus padres.
En la primaria, muchos empiezan a mentirles a sus pares como mecanismo de defensa, para aliviar frustraciones o llamar la atención. Cualquier aluvión de mentiras es una señal de peligro: algo ha cambiado en la vida del niño de una forma que le resulta perturbadora. "Con frecuencia, mentir es un síntoma de un trastorno de conducta más importante -explica Talwar-. Es una estrategia para mantenerse a flote."
En estudios longitudinales, la mayoría de los niños de 6 años que mentían mucho empezó a hacerlo menos, gracias a la socialización, a los 7 años. Pero si mentir es para ellos una estrategia exitosa para manejar situaciones sociales difíciles, seguirán haciéndolo. Cerca de la mitad de los niños miente, y si siguen haciéndolo mucho a los 7, es probable que sigan así durante el resto de la infancia. Se han convertido en adictos.
"Mi hijo no miente", insistía Steve, un padre de poco más de 30 años, mientras miraba a Nick, su hijo de 6, que jugaba con una investigadora en el laboratorio de Talwar en Montreal. Steve describía a su hijo como un niño de buen humor y sociable. "Yo nunca lo he oído mentir", dijo. Había llevado a su hijo al laboratorio después de ver un anuncio en una revista para padres que preguntaba: "¿Su hijo puede diferenciar la verdad de la mentira?" La idea de que su hijo no fuera sincero con él le resultaba profundamente perturbadora. Durante el estudio, Nick engañó, mintió y luego volvió a mentir. Lo hizo sin vacilar, sin un atisbo de remordimiento.
Uno de los experimentos -una variación de otro llamado paradigma de resistencia a la tentación- se conoce en el laboratorio como "el juego de espiar". Una de las investigadoras de Talwar le dijo a Nick que jugarían a las adivinanzas. Nick debía sentarse de cara a la pared y tratar de adivinar cuál era el juguete que ella sacaba, basándose en el sonido que hacía. Si adivinaba 3 veces, ganaba un premio. Los 2 primeras fueron fáciles: un auto de policía y una muñeca que lloraba. Nick saltó en su silla, encantado, al acertar ambas veces. Después, la investigadora sacó una pelota de fútbol e hizo sonar una versión de Para Elisa, de Beethoven. Nick no supo qué contestar. Entonces, la investigadora dijo que debía salir un momento de la habitación y le advirtió que no espiara mientras tanto. Desde una cámara oculta vio cómo Nick se dio vuelta, a los 13 segundos. Apenas regresó, Nick -otra vez de cara a la pared- anunció triunfante: "Una pelota de fútbol!". La investigadora le pidió que esperara hasta que ella se sentara. El niño entendió que su respuesta debía sonar más dubitativa, y preguntó, vacilante: "¿Una pelota de fútbol?"
Se le dijo que era correcto, y se le preguntó si había espiado: "No", dijo rápidamente. Y su rostro se iluminó con una gran sonrisa. Sin un solo matiz de sospecha en su voz, la investigadora le preguntó cómo había descubierto que el sonido procedía de una pelota de fútbol. Nick apoyó el mentón en las manos y dijo: "La música sonaba como una pelota. La pelota sonaba como si fuera blanca y negra". Nick añadió que la música sonaba como la de las pelotas con las que jugaba en la escuela, que emitían un chillido. Y que la música sonaba como el chillido que escuchaba cuando pateaba una pelota. Para enfatizar su idea, refregó con la mano un costado de la pelota.
Este experimento no era sólo una prueba para ver si los niños mienten cuando son sometidos a la tentación de hacerlo. También buscaba probar la capacidad del niño de sostener la mentira, dando explicaciones plausibles y evitando contradicciones. Así que la investigadora aceptó sin cuestionamientos el hecho de que las pelotas de fútbol tocan Beethoven cuando las patean y le dio a Nick su premio. El niño estaba encantado.
El 76% de los chicos de la edad de Nick aprovecha la ausencia de los investigadores para espiar durante el juego y, cuando se les pregunta si espiaron, el 95% miente. Pero a veces las investigadoras les leen un cuento antes de preguntarles si espiaron. Uno es Pedro y el lobo, la versión en la que el niño y las ovejas son devorados por causa de las repetidas mentiras de Pedro. Alternativamente, les leen George Washington y el cerezo, en el que el pequeño George confiesa a su padre que ha talado ese árbol con su hacha. Termina con la respuesta del padre: "George, me alegra que hayas talado el árbol después de todo. Escucharte decir la verdad en vez de mentir es mejor que tener mil cerezos".

Aprender de los grandes

Ahora bien, ¿cuál de los dos cuentos creen que redujo más la cantidad de mentiras? Entre 1300 personas consultadas, el 75% pensó que Pedro y el lobo funcionaría mejor. Sin embargo, esta fábula no redujo en absoluto la cantidad de mentiras en los experimentos. De hecho, después de escuchar el relato, los chicos mintieron incluso algo más de lo normal. Mientras tanto, el hecho de escuchar George Washington y el cerezo -aun cuando Washington fue reemplazado por un personaje menos célebre para eliminar su potencial influencia sobre los niños de más edad- redujo la cantidad de mentiras de los niños un 43 por ciento.
Pedro el pastor sufre el castigo, pero que las mentiras tienen castigo no es nuevo para los niños. Agravar la amenaza del castigo por mentir sólo vuelve a los niños más conscientes del potencial costo personal, no les muestra cómo sus mentiras afectan a otros. Los expertos descubrieron que los niños que viven bajo amenaza constante de castigo no mienten menos. Se convierten en mejores mentirosos a temprana edad: aprenden a ser atrapados con menor frecuencia.
En última instancia, no son los cuentos infantiles los que logran que los niños dejen de mentir, sino el proceso de socialización. Pero la enseñanza del cuento del cerezo es útil: según Talwar, los padres deben enseñar el valor de la sinceridad tanto como deben decirles que mentir está mal.
La razón más perturbadora por la que los niños mienten es porque los padres les enseñan a hacerlo. Según Talwar, los niños lo aprenden de nosotros. "No les decimos explícitamente que mientan, pero nos ven hacerlo. Nos ven decirle al telemarketer No soy la dueña de casa. Nos ven mentir en nuestras relaciones sociales."
Pensemos en cómo esperamos que actúe un niño cuando recibe un regalo que no le gusta. Le decimos que se trague todas sus reacciones sinceras y que finja una sonrisa cortés. En otro experimento de Talwar los niños compiten en un juego por un regalo, pero, cuando lo reciben, se trata apenas de una barra de jabón. Después de darles un momento para superar el shock, un investigador les pregunta si el obsequio les gustó. Alrededor de un cuarto de los preescolares es capaz de mentir y decir que le gustó. Y el porcentaje se eleva a la mitad en los chicos de primaria. Mentir los incomoda, más cuando se les pide que digan por qué les gusta recibir ese jabón. Mientras tanto, los padres usualmente alientan esas mentiras de compromiso. "Los padres suelen estar orgullosos de que su hijo sea «cortés»; no consideran que sea una mentira", señala Talwar.
Los adultos admiten decir, en promedio, una mentira diaria. La enorme mayoría de estas mentiras son de compromiso, para protegerse a sí mismos o a otros, como decirle al compañero de oficina que trajo galletas que están riquísimas.
Alentados a decir tantas mentiras de compromiso y escuchando tantas otras, los niños empiezan a sentirse cómodos con su propia falta de sinceridad. Aprenden que la franqueza crea conflictos y que mentir es una manera de evitarlos. Y aunque no confunden las mentiras de compromiso con las dichas para encubrir travesuras, sí trasladan el marco emocional entre ellas. Se les vuelve más fácil, en el plano psicológico, mentirles a los padres.
La ironía de mentir es que se trata de una conducta normal y anormal al mismo tiempo. La mentira es esperable, pero no por eso hay que menospreciar su importancia.

sábado, 9 de noviembre de 2013

LA ANSIEDAD DE LOS NIÑOS CUANDO NO VEN A SUS PADRES

LA ANSIEDAD DE LOS NIÑOS CUANDO NO VEN A SUS PADRES

En ocasiones es preocupante observar reacciones desmedidas de angustia cuando los niños no ven a sus padres o cuando se separan de ellos.
Es importante reconocer que los gritos, el llanto y los berrinches forman parte del desarrollo evolutivo y son el modo natural de resolver una separación en los primeros 24 meses en los que el niño no tiene otro modo de expresar sus emociones. Es por ello que en estas primeras etapas del desarrollo de la personalidad, al no poder expresarse mediante las palabras, son los pataleos, los gritos, el llanto y todo el cuerpo se pone al servicio de la expresión emocional para poder comunicar la necesidad de afecto, cuidado y contención.   Los bebés están genéticamente programados para reaccionar ante estímulos como ruidos intensos, movimientos repentinos con temor. Con respecto a las personas que están a su alrededor desde el nacimiento hasta los dos meses responden positivamente a cualquier persona que les preste atención aunque ya reconozcan a su madre. Hasta los seis meses de edad el niño  está aprendiendo a discriminar unos rostros de otros pero no teme a los extraños. A partir de los seis meses el apego a su madre empieza a observarse claramente por primera vez. Cuando el niño empieza a distinguir a los extraños empieza a desarrollar la relación de apego con su cuidador y a sentir temor ante los extraños. Llorará cuando su madre no está cerca o cuando se acerca alguien que no reconoce. Esta fase es natural y cumple una función de asegurar la presencia del cuidador cerca del niño.
La ansiedad que sienten al separarse de su cuidador principal es una etapa evolutiva normal entre los 6 meses y los 14 meses, es una manifestación del apego que tiene con sus cuidadores y asegura su supervivencia. A partir de los 14 meses ya empiezan a saber que aunque sus padres desaparezcan estos no lo harán para siempre, sino que volverán. Han desarrollado un apego seguro con sus cuidadores que garantiza al niño la seguridad en sus padres para saber que estos están o estarán aunque en ese momento no se encuentren presentes. La mayoría de los niños en este período ya ha adquirido una representación cognitiva estable de la figura del cuidador lo que les permite separarse de sus padres y estar varias horas sin ellos.
Es a partir de los 18 meses cuando podemos empezar a observar que las separaciones ocasionan en el niño un gran malestar.
Diagnóstico del DSM-IV-TR para el trastorno de ansiedad por separación:
Ansiedad inapropiada y excesiva para el nivel de desarrollo del sujeto con respecto a la separación del hogar o de aquellas personas a las que está apegado, tal como lo indican tres (o más) de los siguientes síntomas:
  • Malestar excesivo recurrente cuando ocurre o se anticipa una separación respecto del hogar o de las principales figuras de apego
  • Preocupación excesiva y persistente por la posible pérdida de las principales figuras de apego o a que éstas sufran un posible daño
  • Preocupación excesiva y persistente por la posibilidad de que un acontecimiento adverso dé lugar a la separación de una figura de apego importante (por ejemplo extraviarse o ser secuestrado)
  • Resistencia o negativa persistente a ir a la escuela o a cualquier otro sitio por miedo a la separación.
  • Resistencia o miedo persistente y excesivo a estar en casa solo o sin las figuras de apego, o sin adultos significativos en otros lugares.
  • Negativa o resistencia persistente a ir a dormir sin tener cerca una figura de apego importante o a ir a dormir fuera de casa.
  • Pesadilla repetidas con temáticas de separación
  • Quejas continuas de síntomas físicos (como cefaleas, dolores de estómago, nauseas o vómitos) cuando ocurre o se anticipa la separación respecto a figuras importantes de apego.
  • La duración del problema es de por lo menos 4 semanas

¿QUÉ PODEMOS HACER?

  • Fomentar un apego  seguro. La relación del niño con sus padres) desde el nacimiento del bebé Propiciar el contacto frecuente con otros niños y adultos. Antes de los 14 meses es natural que el niño no quiera separarse de sus cuidadores principales. No forzar dicha situación en estos meses. Si ha de separarse del niño es adecuado que desde su nacimiento se acostumbre a la presencia de numerosas personas que cuidarán de él.
  • Permitirle que explore el ambiente,  fomentar que de forma natural se vaya exponiendo a situaciones como la oscuridad, permanecer a solas en la habitación, permanecer a oscuras. Y siempre con la seguridad de que ahí estaremos para socorrerle si nos lo pide. Es adecuado que vaya aproximándose sin forzarle a situaciones que le dan cierto temor.
  • Exponerle a una separación paulatina de sus padres. Quedarse a solas con los abuelos primero durante un tiempo limitado (por ejemplo, mientras la madre está en una sala, propiciar que el niño está en otra sala con sus abuelos), para así progresivamente acostumbrar al niño a la ausencia de la madre, por ejemplo dejando al niño a dormir en casa de los abuelos.
  • No desaparecer a escondidas del niño. Cuando se de cuenta que sus cuidadores no están se asustará y no podremos consolarle. El niño debe saber que sus padres se van.
  • No dejar que sus lloros nos retengan (sí nos detendrán hasta que pueda estar calmado). El niño ha de saber que nos vamos y que volveremos. Calmar al niño antes de despedirnos de él. Ayudarle a entretenerse en algún juego para que nuestra marcha no sea tan dura.
  • Tomarse muy en serio su malestar. Aunque su llanto responde a una manifestación para que no nos vayamos, el niño sufre. Calmarle con calma. No ponernos nerviosos y alterarnos al verle. El niño ha de percibir seguridad en que nos iremos pero volveremos.
  • Dejarle alguna prenda de la mamá o el papá para que tenga presente que solo está ante una separación temporal.
  • Transmitirle confianza en su cuidador temporal: “la abuelita te quiere mucho, como mamá, y si tienes miedo se lo dices y ella vendrá corriendo como hacen mamá y papá”
  • No ridiculizar al niño diciéndole que los llantos son de bebés o de “miedicas”.
  • Responder a sus preguntas con confianza y cariño. Por ejemplo un niño le pregunta a su madre todas las noches: “¿estarás cerca toda la noche?”. La respuesta puede ser: “Estaré siempre que tu me necesites, puedes estar tranquilo. Ahora has de dormirte solito porque mamá está en la habitación de al lado”
 licenciada Betina Ianovski
MN 49965
psicotecnologia@hotmail.com


viernes, 5 de agosto de 2011

10 TIPS para orientar en situaciones de conflicto parental

Los conflictos no resueltos entre los padres, pueden afectar en forma directa la salud mental de los niños.
Las peleas continuas, los dobles mensajes, la falta de comunicación, pueden ocasionar un clima emocional de tensión y miedo en el niño.
1. No interponer al niño en los problemas de los adultos. Los problemas de los adultos los deben conversar entre los padres.
2. Sostener el rol de padre o de madre. El niño no debe ocupar ese rol, ni compartir las decisiones, ni opiniones sobre la situación de separación.Mantener las jerarquías familiares y los roles a pesar de las separaciones.
3. Es fundamental permitirle al niño compartir momentos con ambos padres,ya que los niños en la constitución de su identidad necesitan la imagen de ambos padres, más allá de quien tenga la tenencia del niño, salvo que exista una denuncia por presunto abuso, o alguna circunstancia por cual uno de los padres tenga prohibicion expresa de ver al niño.
4. Es mucho mas sencillo afrontar la separación de los padres para un niño, cuando entre ellos siguen manteniendo una buena y respetuosa comunicación.A mayor tensión y rigidez en la ineteracción parental mayor será la dificultad para mantener una relación que provea seguridad al niño.
5. Estar atentos y conversar con el niño, sobre la situación. Ofrecerle ayuda. Escucharlo, acompañarlo. Solicitar intervención terapéutica en caso de notar cambios en la personalidad del niño. (Agresividad, llanto compulsivo, desgano, falta de apetito, hiperactividad)
6. Evitar añadir nuevos cambios en la vida del niño, como cambios de escuela, mudanzas, etc. Respetar los espacios y las pertenencias del niño. Evitar que en la puja por los bienes, el niño sea que pierda sus pertenencias. En las disputas gananciales muchas veces se dirimen los bienes de los niños. El televisor, la computadora... Los chicos pierden los vínculos y también los objetos que utilizan en su vida cotidiana.
7. Seguir cuidando y conteniendo al niño buscando el equilibrio para no sobreprotegerlo. Cuidarlo para que no se autoaisle, ni se sienta dejado de lado.
8. No descargar en el niño, los conflictos de los adultos. Buscar otros adultos para conversar, o un terapeuta para regular las emociones desagradables del adulto.
9. Ayudar al niño, o adolescente a atravesar la situacion de conflicto. Comprender pero no justificar, la agresividad. Solicitar ayuda si el niño se muestra desconsolado, o descontrolado.
10. Tratar de conservar el estilo de cada familia, sin realizar grandes cambios en la rutina, que de seguro afectarán al niño y a su grupo de convivencia. Respetar los espacios y grupos de pertenencia.

Los niños y adolescentes tienen el derecho a ser cuidados por ambos padres. El tránsito por las primeras etapas de la vida es complejo, ya que son momentos de cambios continuos que merecen ser acompañados y compartidos por ambas familias.
La deprivación de contacto emocional, trae serios trastornos psicológicos, tanto al niño, como a los familiares de los mismos.

sábado, 16 de julio de 2011

El difícil arte de educar a un hijo adolescente

Las quejas de los padres de los adolescentes son siempre las mismas, ropa tirada, no ordenan sus cuartos, no ayudan en las tareas de la casa, no cuelgan la toalla mojada cuando salen del baño, jamás secan el piso.
Otra queja frecuente es que están desconectados del resto de la familia, se encierran en sus cuartos , o pasan horas frente a la computadora.
¿Por qué sucede todo esto?
¿Qué pasa con los adolescentes de hoy?
¿Por que motivo les cuesta tanto asumir el compromiso de colaborar?
¿Por qué pasan tanto tiempo aislados?

La disciplina es muy importante en la educación de un adolescente aunque a medida que van creciendo los adolescentes cuestionan cada vez máslas normas y límites que sus padres les imponen. Es muy importante tener unas normas y límites bien definidos y exigir que todos los respeten.

Ayudarles a expresar sus sentimientos. Felicitarlos cuando obtienen logros escolares, cuando cumplen con el horario pactado. Cuando realizan una tarea para cooperar con la familia.
No exagerar en las felicitaciones ni en la modalidad de castigo
Permitir que participe tu adolescente cuando se fijen normas nuevas. Darle la posibilidad de opinar, los adolescentes necesitan ser escuchados.
Aprender a negociar, y a ceder alguna vez para ganar otra, ni ceder en todo ni ganarla siempre. Tratar de educar con el ejemplo, y cuando se una palabra, o se realiza una promesa cumplirla.

Darle alguna oportunidad para que sea el mismo quien tome la decision al momento de definir una tarea, y decidir en forma conjunta cual va a ser laa responsabilidad que va a afrontar. en lo posible hacerlo por escrito.
Intentar ser justos. A veces nos exasperamos y al imponer una regla o un castigo nos excedemos , provocando dolor a nuestsros hijos y a nosotros mismos.
Ser firmes pero sin ser rígidos. aprender a escucharlos y a ponernos en su lugar. Cuando tu hijo o hija adolescente aprende que no vas a ceder, dejará de insistir (aunque esto puede tardar años y supone uno de los aspectos más agotadores de ser padres de adolescentes).
Para solicitar turnos hacerlo al: 48471292 o 1551102327
mail: baianovski@hotmail.com

viernes, 15 de julio de 2011

Señales para reconocer que un niño necesita ayuda psicológica.

1.-Problemas de alimentación, falta de apetito, niños demasiado selectivos que restringen su alimentación a dos o tres tipòs de alimentos y se niegan a ingerir otras comidas.
Ingestiones exageradas para un niño. Chicos que no paran de comer.Que comen mucho y enseguida vomitan.
2.-Trastornos de sueño:
No pueden dormir. Se levantan a cada rato a tomar o a comer. Se pasan varias veces a la noche a la cama de sus padres.
3.-Dificultades para el Aprendizaje:
Falta de concentración y atención. Escasa capacidad para expresarse. Dificultades para construir y escribir textos cuando están escolarizados.
4.-Escasa o nula capacidad para relacionarse con los otros
Problemas en la escuela con la maestra, los compañeros, la directora.
Dificultades en la casa, rabietas continuas, ataques de ira, llanto.
Conductas antisociales.
5.- Enfermedades a repetición, alergias, fiebre alta sin motivos aparentes, reiterados dolores de estómago, incontinencia urinaria o enuresis.
Para solicitar turnos hacerlo al: 48471292 o 1551102327
mail: baianovski@hotmail.com

viernes, 3 de junio de 2011

El divorcio y los hijos

El divorcio puede ser vivido por los niños como una crisis en su desarrollo vital.
Que esta situación resulte traumática para el niño dependerá de la capacidad de los padres para aceptar y afrontar la nueva situación, de la destreza que posean para no incluir a los hijos, en las problemáticas no resueltas de los adultos
Asimismo de acuerdo a los recursos y fortalezas que posean los niños, el modo de actuar ante estas situaciones conflictivas puede oscilar.
Hay niños sobreadaptados que actúan como adultos sosteniendo y conteniendo a padres niños, que se refugian en ellos para sobrellevar la situación. De esta manera el riesgo de adultizar a un niño, se verá reflejado en posibles trastornos que puedan surgir en el corto, mediano o largo plazo.
Otros niños, sufren regresiones, tales como enuresis, terrores nocturnos y pesadillas, que necesitan de una intervención terapéutica, que aborde la problemática en forma compleja.